Aquí, en esta columna donde escribo para el El Chiriveje, el verano está teniendo nombre y apellido, sin de tener que recurrir a ningún paparazzi ni a revistas del corazón. Si en Julio se encabezó con un “nombre”, ahora, en Agosto, le ha tocado a un “apellido”.
Es curioso lo de los apellidos. Porque si los nombres se ponen, más o menos a capricho, no ocurre así con los apellidos, que tienen su “genética” y se hereda. Pero, ¿cómo empiezan?, ¿cuál es su origen?. Los apellidos, muchos de ellos, proceden de dónde menos se esperan y llegan hasta nosotros de los parajes más diversos. Y pueden venir: “Del Campo”, de la “Cabaña”, o incluso “Del Corral.” Otras veces nos llegan “Del Monte” o “Del Valle”. O salen “De la Fuente”, “Del Río”, de la “Rivera” e incluso del “Arroyo”. Cuando menos te esperas se presentan en la “Arena” como “Toro” o “Becerra”.Y entrándonos por “Iglesias” tropezaríamos con apellidos que empezando por “Sacristán” y siguiendo por “Monje” podrían llegar a “Abad” e incluso “Cardenal”. Y así, escalando, y pasando por “Sampedro” venir a ser “Santo” para finalizar siendo “De Dios”. Y eligiendo otro “Camino” y sin importar de que fueras “Moreno” o Rubio” podrías ejercer de “Pintor”, “Cantero”, “Pastor” o “Alcalde” e incluso llegar hasta “Rey”.
A esta hora, si me sigues leyendo y no has saltado como un “Corzo” por ser “Amador” de toda clase de lecturas, si en lo “Físico” aguantas y no estás “Cansado,” te habrás dado cuenta que con los apellidos se puede hacer lo mismo que con los “Espárragos” “Trigueros” o sea, manojos. O apurando, hasta “Ramos”, arrancando “Flores” “Silvestres” en “Campos” de “Trigo”. Pero confieso que estoy que me subo por las “Paredes” y ya por cualquier “Puerta” que encuentre y “Caro” que me cueste, prometo que estaré a “Paniagua” hasta que pueda salir de este “Castillo” que es un laberinto de apellidos. No aguanto un “Segundo” más. Tantos apellidos me están sacando de mis “Casillas” y, como quiero ser “Leal” a mi propósito, intentaré romper este cerco tan “Prieto”. Así, nada ni nadie podrá hacer de “Portero” para impedírmelo. Ni “Guardias” con “Porras” ni “Soldado” ni “Guerra” evitarán que pueda llegar hasta “MARTINEZ”, título del artículo.
Martínez es apellido catalogado como Patronymcum Nomen. O sea, que su origen se deriva del nombre propio de la persona (en este caso Martín) que en su día lo adopta como apellido. Lo mismo ocurre con “García” de Garcés, “Pérez” de Pedro, “Rodríguez” de Rodrigo o “Sánchez” de Sancho etc. El Martínez originario tiene su nacimiento por Asturias o Galicia y, con frecuencia, para evitar confusiones por su abundancia, “Los Martínez”, en muchos casos, se acostumbraron a hacerse compuesto el apellido y, para ello, se añadían la conjunción copulativa “y” o la preposición “de”. Y así ligaban el segundo apellido con el primero. Pero este no es el caso. Porque el MARTÍNEZ nuestro, ese en el que usted y yo estamos pensando, quiere pasar por “Caballero” anónimo y no emplea la estrategia de agregarse ningún “del” para unir sus apellidos así: Martínez del Portillo, que lo haría muy sonoro. Pero no. Él es Martínez a secas. Y así se le conoce.
El amigo Martínez, y lo digo en genérico sin apropiarme de nada, porque su amistad está ramificada, es un político en la sombra que, a poco que se mueva, se sabe dónde está. Como político y cara al público practica la jerga de las promesas. Pero la retórica es aceptable cuando los mensajes se van cumpliendo avalados por hechos. De lo contrario, se hacen poco creíbles, cosa que ocurre en ocasiones. Me explico: En Septiembre se cumplirán tres años de la aparición de este periódico. Pues bien, después de compromisos, ofrecimientos y promesas, El Chiriveje sólo me ha llegado, por su conducto, en tres oportunidades. Eso sí, cuando lo manda son varios los números que recibo. Y cuando voy por “La Empresa” recojo los que me faltan. Pero digo yo que la noticia es noticia, cuado tiene actualidad.
A Martínez tratándolo puede verse (sin restregarse los ojos), que también tiene otros modos. Al disponer de un “Portillo” tiene menos fronteras y hasta él se llega fácilmente conociéndole sus fervores. Martínez, sin ser “tradicionalista”, es un costumbrista aficionado a las tradiciones. Gustándole la tradición clásica, porque Martínez tiene espíritu renacentista, y como se produjo en el Renacimiento, así mismo a él también le gusta mezclar cultura y arte, con actividades mercantiles. Martínez, al igual que Gutenberg, también es descubridor de la imprenta. El Martínez inquieto es aficionado a la lectura y sabe que la cultura se busca y se encuentra leyendo y estudiando, además, a Martínez también le llega por profesión y escuela. Martínez es profesor por vocación y en ejercicio. Por sensibilidad, goza con el arte; disfruta con el dibujo, los diseños y la heráldica. El pirograbado lo borda. Y, como artista pictórico en la gama de colores de su paleta destaca el rojo. Martínez sin ser zurdo, se desenvuelve bien con la izquierda. En ocasiones, da la impresión, que sus convicciones se salpican de dudas. Dialogando con él, Martínez tiene largos silencios. Son silencios de espera reflexiva; pero al final, no está perdido. Conoce su meta y lo importante es llegar. Aunque en circunstancias se enfade, prefiere buscar apoyos a romper baraja. Por no romper, tampoco lo hace con el maléfico hábito del tabaco. A Martínez –tal vez sin saberlo- para las gestiones, le gusta practicar la consigna de Aníbal: “Hallaré un camino o me lo abriré”. No obstante, prefiere la paciencia del pescador al salto imprevisto de la caza.
Todo lo dicho, mi amigo, es parte de tu planeta, “LARA Martínez”. Y para terminar te pido que cuando estés degustando platos y catando vinos en gozosa gula, junto a otros amigos, por esos “TEMPLOS DEL COLECTEROL” en lo que habéis convertido las casas de las eras, realiza un brindis y que hasta aquí vuele vuestro recuerdo. Un brazo.