Comencé el año escribiendo una carta en esta columna para SS MM LOS REYES MAGOS. El motivo: Pedir “carbón” para nuestros políticos por su falta de consideración con los ciudadanos. Porque estos personajes –decía- estaban intentando siempre “servir la exclusiva de de sus guisos, sin importarles los comensales”. Y por eso -que no era poco-, entre otros motivos, pedía para ellos “mucho carbón, como símbolo de no haber hecho sus deberes”

Estamos terminando el año y visto lo visto, no me arrepiento de lo que hice. Claro que ellos tampoco, porque continúan igual. Vamos, es que ni lo intentan. ¡Que tíos! Ya les pueden echar carbón o lo que sea. Lo digieren todo. Tienen “estómagos-mollejas” con unos jugos gástricos, que lo mismo trituran y asimilan sapos, que ruedas de molinos. El reinventado “Tripartito” es un ejemplo. ¡Que piquito tienen!

Ya nos quedan días para empezar un nuevo año y, mi propósito, para el próximo, es procurar olvidarlos y mirar para otro lado. No quiero tenerlos en cuenta, cansado de ver como nuestros problemas no son los suyos. Ni tampoco sus intereses, tienen nada que ver con los de los ciudadanos. Auque ellos –lo estamos viendo- se buscan triquiñuelas para que creamos lo contrario. Su conducta me produce hastío al contemplar, día sí y día también, las modulaciones que le dan a la mentira para que pase. Y al observar tanto engaño como nos endosan, el vaso de la paciencia por grade que sea, se desborda. Con su proceder, hasta el santo Job acabaría diciendo tacos. Confieso que quiero pasar de ellos. O, por lo menos, voy a intentarlo. ¿Por cuánto tiempo? No lo sé.

“He buscado en todas partes el sosiego y no lo he encontrado sino en un rincón apartado, con un libro en las manos” (Tomás Kempis). Pues eso. A nuestro juicio, tal pensamiento (biblioteca-libro) nos parece de lo más adecuado, y viene como anillo al dedo como terapia para dejar aparcado el tema de tener que hablar de “esos señores,” y -casi siempre- teniéndolo que hacer de mal rollo. Así, buscando refugio y sosiego, no seré yo el que vaya “con una escudilla de agua bendita y un hisopo” como hizo el ama de D. Quijote para que el cura la rociara por el “aposento” (biblioteca) por si allí estuviera “algún encantador de los muchos que tienen estos libros” por creer que eran ellos los “dañadores” de su señor. Para mí, al contrario, siempre fueron los libros el mejor de los refugios como garantía de aprendizaje, de relajación y de entretenimiento. Y que, por supuesto, los “dañadores” están por otras estancias.

Tengo ahora entre mis manos un libro. Su título: INFANCIA. Desde que lo tengo lo remiro muchas veces y, sin rebuscar, mi memoria se llena de recuerdos y en ella, se van hilvanando añoranzas . Para mí es un pequeño tesoro, que un día encontré en un rastro de libros. Fue un descubrimiento fortuito, que me hizo abrir los ojos como platos. Y al hallarlo sentí un “nosequé” por dentro. Para los que fuimos a la escuela de D. Anacleto (maestro que ejerció en Santa Marta durante cuarenta años, haciendo en él su sembradura) este libro, INFANCIA, era “nuestro libro” de lectura cuando empezábamos a “leer de corrido”. Más de uno se acordará. Lo hacíamos en voz alta junto a la mesa del maestro, para que él pudiera corregirnos en la dicción, pausas y entonaciones en nuestro aprendizaje. El librito está lleno de pequeñas historias donde el autor D. José Dalmáu Carles quiso “formar el hábito de entender lo que se lee, haciendo así la lectura interesante; elaborar insensiblemente el carácter moral del niño, y despertar en él la afición a los conocimientos históricos y científicos” Cada historia, a continuación del título, suele llevar una “afirmación” relacionada con el argumento que se relata, para terminar siempre con otra frase como moraleja.

Cuando nos vamos haciendo mayores, a las cosas y a las situaciones, les vamos encontrando ciertos paralelismos y similitudes con pocos retoques que le hagamos. Y otras veces, es su antagonismo el que nos hace descubrir la relación con el hecho que nos ocupa. Y si no, lean la primera historia del referido librito y que cada cual, dé unas pinceladas aquí y allá para montar el decorado. Después, piense y compare. Seguro que encontrará referencias. (Copio del texto). Título: UN AFRACESADO. Y debajo lleva esta afirmación: Amo a mi patria. Sigue el relato:

“Cuando entraron los franceses en España, hubo algunos españoles desgraciados que tomaron el partido de aquéllos. Por tal motivo, se les llamó, con desprecio, afrancesados.

Los franceses tuvieron que marcharse a Francia cuando les derrotaron en Vitoria, y, con ellos, se marcharon los españoles afrancesados. Entre éstos iba un poeta notable: Juan Meléndez Valdés.

Arrepentido, tal vez, antes de traspasar la frontera, se arrodilló y, con lágrimas en los ojos, besó el suelo de España, diciendo: -¡Ya no te volveré a ver, adorada patria mía!” Moraleja: “NUNCA RENEGARÉ DE MI PATRIA”.

Viendo como está el patio, cuando se está pregonando la mentira y arropando el engaño, arrepentirse –ahora- de una traición, no se concebiría. Más bien, al contrario. A la mentira y al engaño le “saludan con voces de bronce las trompas de guerra que tocan la marcha triunfal” (Rubén Darío-“Marcha Triunfal”) Y la impresión que se persigue, al parecer, no es otra de que todos terminemos jaleando esos objetivos.